La Caida de los Estados Unidos

El imperio estadounidense va cayendo, con rapidez. ¿Por qué? Y ¿qué significa para México? El poder militar y diplomático sale del poder económico. Los imperios crecen y crecen hasta que el costo de mantenimiento del imperio exceda los ingresos del país madre. Los competidores pueden aparecer, en este caso China, la IndiaBrasil, Japón, y un enjambre de paisitos Asiáticos. El imperio, viendo su control disminuir, en desesperación lanza guerras, en este caso contra Iraq, Afganistán y, tal vez, Irán para conquistar cosas de importancia estratégica — en este caso, el petróleo — de las cuales depende su supervivencia como imperio. El costo de conflictos bélicos e interminables tarde o temprano empuja al país a la bancarrota, y ya.

(Es importante darse cuenta de que las guerras gringas no tienen nada que ver con el terrorismo, pero todo que ver con el oro negro del medio oriente, y oleoductos futuros para explotar los hidrocarburos del Mar Caspio. Pero admitir que uno está simplemente robando a países inocentes sus recursos se ve como demasiado cándido.)

Pero un imperio cae también por razones de un tipo de arteriosclerosis. En un principio, el país es ágil, flexible, y energético. A través de los años, los problemas aparecen y se acumulan, y nada funciona bien, como le pasa a un anciano. Aquí está EEUU. Por eso parece ser cada vez más un país tercermundista. Unos puntos:

EEUU no es una democracia, sino una oligarquía de corporaciones y gremios fuertes, que quiere decir los ricos. En las elecciones presidenciales, dos partidos casi idénticos actúan un teatro político, un certamen de personalidad, muy similar a American Idol. No importa quién gana. La política no cambia. A los ricos les vale madre el bienestar del país. Todo se trata de mí, mí, mí. Los candidatos hacen gran cosa como si pertenecieran a partidos distintos, pero lo que cuenta es que, lejos de las cámaras de televisión, son amigos que comen juntos, juegan al golf en los mismos clubes, y tienen el mismo interés en mantener sus grandes fortunas.

La impunidad florece como en cualquier país tercermundista. Por ejemplo, después de la desastrosa crisis “subprime,” un robo cometido con intención por Wall Street sin objeción alguna del gobierno federal, nadie fue castigado. Bienvenido a Haití.

Ahora necesitas entender cómo atrapar un chango. Supuestamente los indígenas de no me acuerdo dónde hacen jarras pesadas de piedra, con una abertura de tal tamaño que el chango puede meter la mano abierta pero no sacar el puño. Los indígenas ponen adentro comida para el chango. El animal mete la mano y agarra la comida y los hombres corren hacia él. El mono no quiere dejar la comida, pero no puede huir con la jarra pesada, y los indígenas lo capturan y se lo comen.

Esto es Estados Unidos. No puede mantener su imperio, pero se niega a abandonarlo y regresar a casa. No puede ganar sus guerras, pero no quiere admitir lo obvio y abandonarlas. En parte se trata de ego herido: Su orgullo enorme previene que se adapten a la nueva realidad. En parte es que la industria militar es tan importante en EEUU que no es posible cortar los gastos. Los indígenas están acercándose al chango Pentagonal.

Día tras día, la economía se ve más hueca. Este es un hecho crucial. Desde la Segunda Guerra Mundial hasta hace más o menos una década, Estados Unidos no tuvo competencia comercial. Ahora, sí. Los trabajos en manufactura se han ido a China. Aún peor, se descubrió que los Indios, que son igualmente inteligentes como los gringos, pueden programar computadoras por internet desde Mumbai, cobrando una fracción del precio en EEUU. Oops. Y por supuesto las corporaciones “Estadounidenses” no tienen interés alguno en Estados Unidos, solo en el dinero. Cambian sus fábricas a China, a México, a Viet Nam.

Estados Unidos se convierte velozmente en algo parecido a una dictadura. El poder de la policía crece. El gobierno ignora la Constitución. Las agencias de “inteligencia” y la policía secreta — el FBI — espía a la ciudanía.

Y no existe prensa libre. Hay dos razones. Primero, casi todos los medios pertenecen a corporaciones grandes, y por supuesto no dicen nada que no les agrada a tales.

Segundo y mucho más interesante: hace mucho, Abraham Lincoln, el peor presente de Estados Unidos, dijo, “Se puede engañar toda la gente a veces, y una parte de la gente siempre, pero no se puede engañar toda la gente todo el tiempo.” Pero no dijo lo más importante: Se puede engañar a suficiente gente, las suficientes veces. Aquí ves el principio básico del periodismo estadounidense.

No es prohibido decir nada, no por el gobierno de todos modos. Puedes escribir lo que quieras en un libro — pero lo más probable es que ninguna editorial lo publique. Si se publica, probablemente casi nadie va a leerlo. Sólo la televisión alcanza a la muchedumbre, y las cadenas son casi partes del gobierno.

EEUU está social y racialmente muy dividido, al punto de que sea peligroso. La clase media cae; las familias pierden sus casas, sus trabajos se van a China, sus hijos no encuentran empleo. Mientras tanto, los ricos ganan fortunas. A la vez, hay tensión fuerte entre los blancos, negros, y cafés, peor entre blancos y negros. No se permite hablar de ello, pero existe y está empeorando. Si hay solución, nadie la encuentra. La potencia para conflagración es real.

El tamaño y crecimiento del gobierno están fuera de control. Las burocracias son gigantescas y no producen nada. El ejército no produce nada. Por razones complejas, la mitad de la gente no paga impuestos, pero muchísima gente recibe beneficios del gobierno. Con la caída de la economía, hay menos ingresos federales, pero la población está envejeciendo y necesita más cuidado médico y más dinero del Seguro Social. Mientras tanto, el Pentágono demanda más y más fondos. Es una situación que no puede sostenerse.

El fin de un imperio militar es muy arriesgado. ¿Qué implica para México? Solo Dios lo sabe.

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