La Inexistente Guerra Contra la Droga

Nota que, aunque la “guerra” haya florecido por cuando menos cincuenta años, ha logrado exactamente nada. En los años Sesenta, en la prepa en Estados Unidos, yo podía fácilmente comprar mariguana, anfetaminas, LSD, hongos mágicos, etc. Hoy en día, las mismas drogas se venden en las escuelas, por precios similares pero ahora la variedad es superior: hay éxtasis, oxido de nitrógeno, y Ritalin. Nada ha cambiado. ¡Que guerra tan impresionante!

¿Por qué esta guerra, manejada por el país supuestamente más rico y poderoso en el mundo, no ha tenido efecto alguno? Porque la guerra no existe. La droga de hecho es una industria integral a la economía estadounidense, tanto como la industria automotriz. Números enormes de personas dependen directa o indirectamente de los narcóticos. Llamar a esta industria crucial “crimenal” es necesario para asegurar que el dinero siga fluyendo. Exactamente la misma situación ocurrió durante la “Prohibición”: cuando el gobierno estadounidense trató de prevenir el consumo de alcohol. Y casi nadie estaba en contra.

Piénsalo. A los narcos les gusta la guerra como sus propios nietos, porque el efecto es mantener los precios en un nivel que permite que los traficantes ganen fortunas, pero suficientemente económicos que los usuarios pueden pagar. Compradores y vendedores son igualmente satisfechos.

Pero esto es nada más un principio. La DEA emplea miles de personas que ganan buenos sueldos y, más tarde, retiros jugosos. Ellos no quieren ganar la guerra. El principio fundamental de cualquier gobierno es que cuando consigues tu vida por tratar de solucionar un problema, lo más importante es no solucionarlo, porque entonces no tienes trabajo. La DEA es perfectamente feliz con la situación como está. Logran poco y ganan mucho. (Y por supuesto al Pentágono le gusta tener pretexto para introducir soldados estadounidenses a los países de donde vienen las drogas.)

El mismo razonamiento se aplica a los numerosos agentes del FBI y los miles y miles de policías en el sin fin de departamentos de policía en EEUU. Todos ellos y sus familias necesitan la apariencia de una guerra contra la droga, pero su peor pesadilla es la victoria. Afortunadamente, no hay peligro.

Hay más, mucho más. Estados Unidos, esa tierra de libertad, tiene tras las rejas más de sus ciudadanos que cualquier otro país del mundo, tanto en números absolutos como en proporción de su población (más de dos millones de personas). Esta, también es una industria de gran tamaño. Los gobiernos a cada nivel—federal, estatal, municipal—tienen sus cárceles. Y aún más… muchas prisiones son manejadas por corporaciones privadas. Una parte grande de los presos son convictos de delitos que involucran la droga. Hay mucha lana en la encarcelación. No se trata de un puesto de raspados.

Todos los botes emplean lo que se llama Correccional Officers—oficiales de corrección—aunque no corrijan nada. No quieren ver ninguna disminución en la cantidad de presos, y tienen un gremio bien fuerte políticamente.

Entonces existe la industria de la rehabilitación, que no rehabilita a nadie pero produce muchos sueldos. La explicación es un poco compleja, pero explica mucho.

Cuando un juez tiene ante él un usuario de droga, o un vendedor de poca importancia, tiene tres opciones. Primero, puede dejarlo en libertad. Eso es políticamente peligroso porque es parecido a la legalización judicial. Segundo, puede sentenciar al reo a años en prisión. Pero cuesta entre veinte y treinta mil dólares al año. Tercero, puede ponerlo en rehabilitación. ¡Ah!, mucho mejor. Suena bien, como si tuviera la probabilidad de devolverlo a la sociedad como buen ciudadano. Huele a caridad, afecto, virtud. El hecho es que no hace nada, como el juez entiende perfectamente. Es otra industria muy rentable. Las cárceles emplean muchos sicoterapeutas, grandes empresas médicas, como Kaiser Permanente, emplean más, y hay compañías privadas que cobran mucho por poco. Los policías saben eso, pero ¿por qué les importa?

Tenemos también el programa DARE, por sus siglas en ingles. El verbo dare quiere decir atreverse, y las siglas significan Resistencia al Abuso de las Drogas. Un policía viene al aula de estudiantes en el tercer grado con una caja de ejemplos de varias drogas y les explica a los chicos qué hacen las sustancias. Después los chicos por supuesto tienen mucha curiosidad. Es muy bueno políticamente, y también para los narcos.

Finalmente, ¿crees que EU es un país angélico, sin corrupción, gobernado por patriotas dedicados? Ni en sueños. Casi cada persona tiene su precio, y el narcotráfico genera tanta lana que es fácil de corromper oficiales. ¿Por un millón de dólares, ignorarías una camioneta cruzando la frontera?

Hemos visto que el tráfico es una parte importe de la economía, en cada pueblito del país. Pero hay otra razón, muy importante, por la que EU no hace nada en serio para deshacerse de la droga. Como durante la prohibición de alcohol, hay tantas personas que disfrutan la droga que un intento de castigarlos causaría una revolución.

El uso de la droga es muy común entre todas las clases sociales en EU. En las prepas y antes, como he dicho, las drogas fluyen como agua, y los mismos estudiantes las venden. Muchos de sus padres, veteranos de los años Sesenta, tienen su mota o éxtasis escondido en la cochera. Políticos importantes en Washington usan Doña Blanca. (Pasé ocho años de reportero policiaco en esta ciudad, y por eso sé algo del tema.) Los pobres negros e hispanos terminan en prision porque no tienen dinero ni abogados, pero hay más usuarios güeros.

Si la DEA pusiera soplones en las prepas y en las universidades mejores, como Berkeley, Harvard, y Princeton, la cuarta parte de los hijos de congresistas, médicos famosos, banqueros, y abogados quedarían tras las rejas. Y muchos de sus padres también. Sería fácil. El uso de drogas es más o menos abierto.

El hecho es que para la mayoría de los gringos, el uso de drogas es como piratear música. Si un yanqui de la clase media, digamos, supiera que su vecino estaba abusando de sus hijos, llamaría a los policías de inmediato. Si supiera que el mismo vecino estaba fumando la hierba, no haría nada. A casi nadie le importa.

Por todas estas razones, EU no va a hacer mucho dentro su propio territorio para combatir la droga. En vez de solucionar su propio problema, si problema es, insiste en que otros países sacrifiquen su sangre y estabilidad para hacer lo que no le conviene a Washington. No hay guerra contra la droga, pero hay buen negocio. Mientras los gringos fuman felizmente, los Afganos y Mexicanos se queman, no tan felizmente..

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